lunes, 12 de febrero de 2018

Por qué se consigue más cuando se trabaja menos y mejor

Cada vez más voces insisten en que menos horas de trabajo redundan más en la productividad que una mayor cantidad de horas, a la larga improductivas. Y hay varios ejemplos para plasmar lo que significa una cosa y otra. Los que te vamos a mostrar a continuación.

Trabajar menos horas es mejor para la productividad de la persona que hacerlo durante un mayor número de horas seguidas. Más por menos. Lo saben las empresas, y lo aceptan; y los trabajadores, también, al fin y al cabo, los primeros interesados en optimizar el número de jornadas trabajadas.

Y es que ¿merece la pena trabajar tantas horas? En Japón lo saben bien. Incluso allí existe una palabra —karoshi— que señala la muerte por exceso de trabajo. Algo que afecta a la vida de las personas, pero también al funcionamiento de las empresas. A finales del mes de diciembre del año pasado, la empleada de una agencia de publicidad se suicidó con tan sólo 24 años. “Me están haciendo trabajar sábados y domingos otra vez”, se quejó en su cuenta de Twitter. Tras 105 horas extras en un mes, puso fin a su vida. La noticia, además de despertar compasión y preocupación en la sociedad nipona, afectó asimismo a la empresa. Una denuncia por violar las leyes laborales desató tal crisis en su interior que acabó con la renuncia de su presidente y CEO.

Porque una cosa está clara: nuestra capacidad productiva no es lineal. A diferencia de una máquina encendida produce más. Por eso se aboga por el ideal de conseguir más trabajando menos. Lo que defiende Alex Soojubg-Kim Pang en su libro ‘Why you get more done when you work less’. Tal y como defiende dicho autor y ya han demostrado diversos estudios —el último, uno de la Universidad de Stanford acerca de cómo maximizar la productividad de la industria de municiones del país—, la relación entre horas de trabajo y productividad no es lineal.  Al contrario: existe un punto —entre las 48 y las 50 horas semanales— a partir del cual la productividad decrece a tasas altísimas. 

En consecuencia, una jornada laboral reducida, con una serie de horas exclusivamente dedicadas a trabajar —nada de distracciones, ni redes sociales, ni nada por el estilo— no sólo mejora la productividad en tareas creativas o con mayores demandas cognitivas, sino también en tareas rutinarias y repetitivas.

¿O no piensas como yo?

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