PÍLDORA 9: liberarse del Perfeccionismo

Muchos de nosotros vivimos atrapados en el perfeccionismo. En un momento concreto de nuestra vida adulta comenzamos a exigirnos la perfección en lo que hacemos y el problema es que solemos recibir recompensa externa. Después no nos conformamos con menos en muchos ámbitos de nuestra vida. Y “de aquellos lodos vienen los consiguientes barros”.

El perfeccionismo es un mal generalizado en nuestra sociedad. Muchos de nosotros –no todos, afortunadamente- nos exigimos trabajar, organizar nuestra vida, diseñar nuestro cuerpo, alimentarnos, y muchas cosas más, de manera perfecta, y ello trae una gran cantidad de frustración a nuestra vida.

Tener una buena imagen y ser el mejor en tu profesión no es tratado a veces como una aspiración, sino una necesidad. En un mundo cambiante y competitivo, donde la imagen de marca profesional y personal es fundamental para conseguir el éxito, la perfección se vuelve necesaria para triunfar. Desgraciadamente esta autoexigencia conduce a la ansiedad y a la sensación de no ser nunca suficiente. 

Intentar conseguir la mejor versión de nosotros mismos es incluso saludable, pero deberíamos enfocarlo desde el punto de vista del OPTIMALISMO y no del PERFECCIONISMO. 

Vamos a intentar explicar la diferencia:

El Perfeccionismo se caracteriza por la autoimposición de metas no razonables en algunas o todas las facetas de nuestra vida profesional y personal

Estamos hablando de metas no razonables y, por tanto, difícilmente alcanzables, por lo que inexorablemente viviremos la frustración de no haber sido capaces de conseguirlas. Las personas perfeccionistas viven permanente en la ansiedad al no permitirse el fracaso o el error. De alguna manera se vive fuera de la realidad, puesto que se exige a uno mismo objetivos casi imposibles que deben ser obtenidos a cualquier precio.

El Optimalista se caracteriza por intentar conseguir lo mejor, pero no a toda costa. Las metas que se propone son razonables y alcanzables. Por tanto, para ellos es posible conseguir el resultado, con lo que siempre podrán saborear el éxito (cosa no muy probable en el caso del perfeccionista). Pero, además, los optimalistas saben que el camino tiene obstáculos y que a veces no es posible conseguir lo que uno se propone. Ésa es la razón de que trabajen por el éxito, pero conviviendo con el fracaso, de manera que no sufren frustración ante los contratiempos. ¡Y además son capaces de disfrutar intensamente del éxito!

El optimalista simplemente vive en el mundo real. Tiene la intención de mejorar constantemente, pero no se lo autoimpone de manera inexorable. Las metas están ahí, pero la vida puede poner obstáculos y hay que aprender a convivir con ellos. Aceptan la frustración y siguen trabajando para conseguirlas. Cuando esto sobreviene, disfrutan de su éxito.

Por lo tanto, intentar encontrar la mejor versión de nosotros mismos es saludable, siempre que lo hagamos de manera realista, conviviendo con la frustración, con la posibilidad del error y disfrutando de los logros que se vayan sucediendo.

Reflexiona: ¿eres perfeccionista u optimalista?

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